Como buena millennial debo confesar que muchas veces en la vida me he sentido frustrada por no ver que las cosas sucedan a la velocidad que yo quiero. Hemos crecido con esta vida llena de gratificaciones instantáneas, vamos a cualquier tienda y las cosas están a nuestra disposición, ahora hasta hacer una fila para pagar es una experiencia por si sola. Si no encuentro lo que quiero lo busco en internet y lo recibo en una semana en la puerta de mi casa, todo esta a nuestro alcance: ropa, alimento, incluso mascotas… Bueno, casi todo.
Hoy en día hay tantas formas de visualizar tu vida, profesional y personal que pareciera que elegir una cosa elimina lo demás. Es difícil elegir. Y para hacerles el cuento corto me recuerda mucho esta cuestión a una cita de la película de “Mr. Nobody”:
“We cannot go back. That's why it's hard to choose. You have to make the right choice.
As long as you don't choose, everything remains possible.”
(No podemos ir hacia atrás. Es por eso que es tan didicil elegir. Tienes que tomar la decision correcta.
Y mientras no elijas, todo es posible).
Sin embargo, debemos elegir. Y una vez que lo hacemos, muchos creemos merecerlo. Se nos olvida el Round 2. El trabajo, el trabajo… Hemos crecido escuchando a nuestros mayores decir: “Tienes que aprender a trabajar por tus sueños”, “estas acostumbrado a que todo se te de en bandeja de plata”, “creen que todo es fácil”…. and so on.
Hace unos 3 años hablando con mi mamá acerca de mis frustraciones (como buena joven adulta), le dije que no entendía porque no funcionaba lo que hacia de la forma en la que yo quería. Que no veía resultados, que estaba triste, enojada, cansada y estresada. Lo curioso de todo esto es que mis emociones se debían mas al hecho de pensarlo que de hacerlo per se. Pensar en todo el trabajo que tenía que hacer me provocaba una gran ansiedad que no deseaba en mi vida. Pensamientos como el fracaso y el tiempo que acumulaba en mi vida eran constantes en mi día a día.
Y hago una pausa para volver a lo que comentaba al inicio; estamos acostumbrados a obtener las cosas rápido, y en especial a ver como otros logran el éxito de un día para otro, cantantes de 16 años, genios de la informática de 23, etc… Esta idea de lograr lo que muchos lograron a los 40, 20 años antes es demasiado tentadora.
Y fue así que mi querida madre me dio un reality check muy fuerte y me hizo ver las cosas de forma diferente y me dijo: “Alejandra, imagina que tu vida es una escalera, el sueño que tienes esta hasta arriba, ¿como esperas llegar? No puedes saltar del primer escalón al mas alto sin tropezarte o caerte, entiende que debes subir de uno en uno, cada cosa por pequeña que sea, te acerca mas a lo que quieres y cuando menos te des cuenta habrás llegado, la felicidad no es lograrlo, debes aprender a disfrutar el camino”.
Suena sencillo, pero ¿como era posible que no lo haya visto antes? Sentido común, por supuesto, pero mis miedos lograron ser tan fuertes que me inmovilizaron. Y fue a partir de esa tarde que he intentado cambiar el enfoque de las cosas, entender que debo aprender y que los pequeños pasos son tan importantes como tu meta. Tal vez no sea aun la persona en la que deseo convertirme, pero he logrado mucho.
Cada cosa que haces te ayuda a ser mejor persona, ya sea un logro o un fracaso, own it! Y entiende que lo que la vida te avienta (sea mierda o sean flores) se debe a algo: tal vez a entender una situación que no querías ver o aceptar, o a darte el reconocimiento que mereces y que no te has dado el tiempo de apreciar.
Sea lo que sea que busques en la vida: pequeños pasos amigos pueden llevarte a grandes resultados.

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